Dicen aquellos que están desencantados de las relaciones humanas que el mundo es como una selva, que sólo gana el más fuerte.
Pero yo creo que a veces es peor que eso. Que no ganan los fuertes, que ganan los imbéciles, los que no respetan al resto, a los que les dan igual los demás, los estúpidos, los que no se dan cuenta ni siquiera del efecto que tienen sus actos sobre los otros, los que no ven más allá de su ombligo.
Y los fuertes son los que les aguantan. Ojalá ganen; ojalá ganen los fuertes, los que resisten todo. Esa sería en realidad la opción más justa de todas.
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